Después de meses de tensión, paradas de planta y negociaciones fallidas, Fate cierra de manera definitiva sus operaciones en la Argentina tras más de 80 años de historia. La decisión marca un punto de quiebre para la industria del neumático y enciende señales de alarma sobre el presente del sector manufacturero local.
La compañía, una de los principales fabricantes de cubiertas del país, arrastraba un deterioro productivo y financiero en un escenario signado por la apertura comercial, el derrumbe del mercado interno y un conflicto prolongado con el Sindicato Único de Trabajadores del Neumático (SUTNA).
Notificación a los empleados
Todos los empleados administrativos de Fate recibieron un aviso para que no concurran a trabajar este miércoles. La planta que la empresa posee en la localidad bonaerense de San Fernando, la mayor del sector en el país, permanecía parada desde hace más de un mes.
En paralelo, la firma redujo a la mitad su dotación de operarios en los últimos dos años, en un proceso de contracción que anticipaba el escenario actual. La compañía, controlada por el empresario Javier Madanes Quintanilla, sostuvo que enfrenta una pérdida de competitividad que provocó que no pudiera continuar.
El trasfondo combina factores productivos, laborales y macroeconómicos. A mediados de 2024, Fate inició un ajuste que incluyó el despido de 97 trabajadores y el ofrecimiento de retiros voluntarios. Poco después, solicitó un Procedimiento Preventivo de Crisis (PPC) ante la Secretaría de Trabajo de la Nación. Mediante ese mecanismo, las empresas pueden suspender o despedir personal con costos reducidos y renegociar condiciones laborales bajo el argumento de una situación crítica.
Rechazo sindical
Desde el Sindicato Único de Trabajadores del Neumático Argentino (SUTNA), que conduce Alejandro Crespo, la respuesta fue de rechazo frontal. Denunciaron un “lock out patronal” y acusaron a la empresa de intentar disciplinar a los trabajadores y forzar una Reforma Laboral de hecho. El enfrentamiento derivó en asambleas, paradas de planta y movilizaciones, en una dinámica que profundizó la parálisis productiva.
El gremio, además, cuestionó la narrativa empresarial. Recordó que Fate ya había esgrimido argumentos similares en negociaciones previas, incluso durante la pandemia, cuando -según señalaron- pretendió abonar solo parte de los salarios pese a recibir asistencia estatal. También afirmaron que balances posteriores reflejaron ganancias millonarias, lo que, a su entender, debilita la tesis de una crisis terminal.
Crisis en el sector
Más allá del conflicto puntual, el cuadro sectorial es adverso. Fate no es la única fabricante bajo presión. Pirelli y Bridgestone, los otros dos grandes jugadores con plantas en Argentina, también enfrentan un escenario complejo.
La actividad emplea a alrededor de 5.000 trabajadores de manera directa y depende en gran medida del desempeño automotriz y del consumo interno.
Las empresas atribuyen buena parte de las dificultades al encarecimiento de insumos estratégicos, como el caucho natural y el acero, gravados por aranceles de importación. A ello suman el impacto de la apertura comercial, que facilitó el ingreso de neumáticos extranjeros a precios considerablemente más bajos. En el sector aseguraron que la diferencia puede alcanzar hasta el 40% respecto de los productos locales, con China como principal origen.
Los números acompañan esa percepción. En mayo del año pasado se registró un récord histórico: ingresaron al país 869.525 neumáticos en un solo mes, el mayor volumen en dos décadas. China concentró cerca del 78% del segmento de autos y camionetas. Durante el primer semestre de 2025, las importaciones asiáticas crecieron más de un 37% interanual, impulsadas por menores costos logísticos y menos trabas administrativas.
En contrapartida, la producción local se resintió con fuerza. El rubro industrial de “Caucho y Plástico” cerró 2025 con una caída superior al 22%, mientras que las plantas de neumáticos operaron apenas a un tercio de su capacidad instalada. Dos de cada tres máquinas permanecieron apagadas hacia fin de año, una marca que en el sector comparan con los peores momentos de la crisis de 2001.
El derrumbe del mercado interno completa el diagnóstico. La recesión y la pérdida de poder adquisitivo empujaron a los consumidores a postergar el recambio de cubiertas o a buscarlas en países limítrofes, donde resultan más económicas. Al mismo tiempo, el freno en la producción de terminales automotrices redujo drásticamente la demanda de neumáticos para equipo original, un segmento clave para las fábricas nacionales.
DIB

