Un viejo refrán dice que si uno quiere que se hable de algo, lo que debe hacer es pedir de algún modo que no se hable de ese algo. Es decir, la mejor forma de difusión es la de pretender reprimirla.
Cuando el Gobierno dio muestras de su incomodidad por el INDEC, lo único que hizo fue lograr lo contrario. Algo parecido le ocurrió a la gestión de Cristina Kirchner con el mismo tema. De inmediato vino lo mismo que estamos escuchando hoy, la famosa crisis por el índice de inflación y la morenización que hoy estamos observando y que genera una enorme desconfianza en el rumbo de la política económica nacional que trae aparejada una caída en la cotización de las acciones argentinas y una suba notable en el índice del riesgo país. En fin, un par de pasos rumbo al abismo y a un nuevo fracaso nacional.
La realidad se representa con los datos, se cuantifica en ellos. Por lo tanto, si se miente sobre esos números se está mintiendo sobre la realidad. Es como querer hacer el hombre a la medida del traje y no a la inversa.
La gente ya nota una inflación perceptiva en los productos que más consume, entonces ¿para qué mentir sobre lo que el pueblo ya percibe en los precios que muestran las góndolas? Eso es subestimar a la gente, considerar que son tontos y que no se dan cuenta de nada. ¡¡Si hasta dicen que bajó la pobreza!! ¡¡Y con semejante ajuste!!
Por otra parte, el país carga con una tradición stalinista que no se modifica con el cambio de las ideologías gobernantes Ese Estado Stalinista se autoalimenta incansablemente y lo viene haciendo desde hace mucho tiempo. Hoy tenemos un Estado (que no es el “presente” o el de Bienestar que reclamamos) sino que está al servicio no solo del funcionariato sino que además es inexistente para los ciudadanos.
Paradójicamente, en el país subsiste un Estado Stalinista pese a que quienes gobiernan se dicen enemigos de ese régimen y se autoperciben liberales o anarco – capitalistas. Solo les falta ser totalitarios en el sentido lato del término, esto es, no solo una suerte de dictadura o autoritarismo exagerado sino también un superpoder con la pretensión de dominar la vida pública y privada de la gente, directa o indirectamente.
Argentina es un país extraño porque pese a superar las dictaduras militares, pocas veces pudo vivir en democracia en toda su dimensión, con vigencia de las libertades públicas, los derechos humanos y la tan necesaria división e independencia de los poderes que debe tener una verdadera república.
Ideologismos y paranoias
En síntesis, en este país la lucha por el poder es más emocional e ideológica que política, y por ello, como decía la gran filósofa Hannah Arendt, por el sesgo extremadamente ideológico de la controversia política, estamos siempre en las puertas del totalitarismo. La filósofa política es autora de “La banalidad del mal” que fue tomado para comprender la estructura represiva de la última dictadura militar, similar a la de los nazis.
Las ideologías, según el semiólogo Eliseo Verón, es un conjunto de ideas concebidas como verdades absolutas e infalibles, y por ello esa colisión se transforma en choques de fanatismos y de fanáticos intolerantes incapaces de aceptar un criterio diferente del que enarbolan ellos. En estos escenarios desaparece la política como actividad racional que persigue el bien común y la democracia como el escenario en donde se la puede practicar.
De ese modo, los regímenes filonazis y filostalinistas están siempre a un paso. Son huevos de serpiente a punto de romper el cascarón.
Existe en ellos un rasgo paranoico por el que creen ver asechanzas o enemigos permanentemente. Y si no miremos la creación de este gobierno de la oficina para “desmentir falsedades” y calificar de paso que todo lo que cuestiona a la gestión son “operaciones mediáticas”. Algo paranoico y necio a la vez.
La nueva oficina nos recuerda al “Ministerio de la Verdad” de la novela de George Orwell “1984”. Son iniciativas delirantes y febriles que se suelen consumir solas pero igual estarían representando de algún modo el embrión de un régimen totalitario. Borges graficaba esto con absoluta maestría al decir que todo régimen triunfante construye de inmediato una muralla china.
Entonces, si se continúa persistiendo en esta pelea ideológica (o ideologista), siempre estaremos obligados a tener que resistir los criminales ajustes, luchando contra la irritante desigualdad y contra el clientelismo que atenta contra la igualdad ante la ley.
Mientras tanto, el régimen actual habla de una reforma laboral cuando ésta ya está en marcha con el achatamiento del salario, con paritarias de un miserable 1% mensual (cuando la inflación es el doble) que termina dinamitando el salario y el consumo, factor esencial éste para la creación del empleo. Por el contrario, hoy se está destruyendo el poco trabajo que aún a duras penas se sostiene. En síntesis, todo es una farsa ideológica que muchos jóvenes lamentablemente, con el verso del enriquecimiento mágico, han comprado.
Una metáfora perfecta
Cambian las ideologías pero nada se modifica. Los regímenes políticos funcionan de la misma manera: con las mismas estructuras clientelares y la misma corrupción.
Esto mismo lo vio el escritor francés Anatole France cuando escribió su novela “Los dioses tienen sed”, en donde el escritor narra la quimera de un auténtico revolucionario francés de 1789, quien al contemplar la distorsión que los jacobinos habían hecho de los nobles ideales de la Revolución, se propone actuar para corregirlo. Decide involucrarse en el proceso y por su capacidad va ascendiendo en los niveles de poder hasta que llega a uno en el que se decide casi todo, hasta la suerte de los supuestos oponentes. Allí este personaje se encuentra con un gran dilema, el de firmar una orden de ejecución o simplemente tener que renunciar. No había lugar para el disenso ni para cambiar nada de lo que él pretendía modificar.
La novela nos enseña palmariamente que poco y nada se puede hacer cuando las reglas de juego ya están escritas e instaladas, y de esto se trata la ideologización de los regímenes. Las normas –o las reglas de funcionamiento- son durísimas porque están ideologizadas, y ya no hay lugar alguno para la política.
Concretamente, la brutal ideologización terminó acabando con la misma acción política. El personaje de Anatole France se encontró al final de su camino con que hay ámbitos en ciertos niveles del poder que las reglas de juego son inalterables. Allí todo está decidido y establecido. Entonces, estamos en condiciones de decir que aquella quimera del personaje de la novela sigue vigente,
Espacios políticos
A pesar del ofrecimiento de Máximo Kirchner al Gobernador para que presida el PJ, la interna está en llamas. Un Intendente Bonaerense, Gilberto Alegre (General Villegas) –hoy kicillofista- se descolgó con durísimas críticas contra Cristina K y todo el kirchnerismo, y varios gobernadores quieren recuperar el partido. En tanto, Kicillof también toma distancia del espacio de la ex Presidenta al pedir un cambio de línea política diferenciándose claramente de la madre de Máximo, aunque el Gobernador aceptó la oferta de Máximo para que sea él quien conduzca el PJ.
La ex Presidenta juega con algunas cosas en contra puesto que ha desaparecido de la agenda mediática y política. Y eso la perjudica. Mientras tanto, el kicillofismo se va poblando de ex cristinistas que están viendo la caída de la imagen de su jefa anterior.
En tanto, en el PRO, cansados del destrato del mileismo (“nos viven meando cualquier propuesta y posición que tengamos”, dijo un famoso dirigente seccional del macrismo) están dispuestos a trabajar con el radicalismo en la conformación de una alianza, similar a Juntos por el Cambio aunque ampliada, para 2027 y conformar listas en conjunto para las próximas Primarias. “Nos estamos ordenando en el partido pero también estamos trabajando con otros partidos con ese objetivo para dentro de dos años”, apuntó un dirigente radical del distrito.
Caripelas y coincidencias extrañas
Y ya comienzan a incursionar en la política personajes muy pero muy dudosos que habrían participado de graves delitos económicos quebrando empresas, y ahora pretenden incursionar en la política con ganas de hacer plata en esta actividad tan rentable y tan poco exigente de honestidad y capacidad intelectual. Ahora se tiran un lance, total no se pierde nada con hacerlo, se puede ganar mucho y las macanas que se hacen pueden quedar fuera del escrutinio popular.
Aparte, LLA está queriendo eliminar el Senado Bonaerense, una idea de Carlos “Chacho” Alvarez, el ex Vicepresidente de la Nación durante el Gobierno de la Alianza. Él fue el primero quien comenzó a hablar de unicameralidad en todo el territorio para ahorrar gasto político innecesario. En fin, una coincidencia extraña en el mundo de la política. “Cosas veredes Sancho que harán fablar a las piedras”, diría Don Quijote.

