La Reforma Laboral y los derechos laborales en jaque

La denominada “Reforma Laboral” ya tuvo su media sanción en el Senado con alguna ayudita de los “amigos” opositores de algunas provincias, cuya ideología es la de la genuflexión con el poder central.

El oficialismo logró modificar sustancialmente el régimen de las indemnizaciones ya que, de aprobarse definitivamente en Diputados, no se tomará como referente el mejor de los sueldos sino que será el básico, despojado de todo adicional. Tampoco se contemplará el aguinaldo.

El proyecto aprobado contempla algo sumamente peligroso para los trabajadores que es el FAL ( Fondo de Asistencia Laboral), pensado como una herramienta para que las empresas puedan afrontar despidos sin que éstos impacten de manera directa y total al momento de la desvinculación. Digamos también que para constituir ese fondo cada empleador aportaría 2,5% si es pyme y el 1,5% si es un empresario grande. 

Se incorporan además los despidos sin causa y las empresas podrán disminuir el aporte de ANSES, desfinanciándolo para financiar el FAL (una especie de AFJP), en fin, un negocio financiero manejado financieramente por el trader más importante del Gobierno. Una especie de comunismo empresario o un robinhoodismo a la inversa. Peor, imposible. 

Se trata de un retroceso escandaloso si se lo compara con el avance de la humanidad en pos de la justicia social. Dicen que el sistema es muy parecido al que se aplica en Chile, en donde existe un estado paradisíaco para el capitalismo más voraz, el mejor de los mundos para quienes aspiraron siempre (incluidas las dictaduras militares) vivir dentro de un capitalismo desigual, con un sindicalismo muy debilitado y sin ninguna posibilidad de resistencia. Digamos de paso, que a partir de ahora en el país el derecho a huelga será notablemente recortado. 

En Chile la sindicalización está hoy en un 15% de la clase trabajadora mientras que en Argentina es de un 30%. Sería como volver a la década del 30 o al pre peronismo, en síntesis, el sueño de las dictaduras militares. Ni el Terrorismo de Estado pudo hacer tanto en ese sentido.

La culpa no es del chancho…

La pregunta del millón no es cómo un gobierno con algunos amigos impensados se atrevieron a tanto, sino que el problema es el de  ¿cómo es posible que la CGT y el peronismo permitieron este retroceso en los derechos laborales? ¿Están en otra película o están parados en otra clase social, no solo diferente a la que aglutina a los trabajadores sino antagónica?

Se dice que alguna dirigencia gremial supone que éste no es un momento oportuno porque conjuga dos factores contrarios a la justicia social: un Gobierno no solo adversario a los trabajadores sino que también tuvo muchos votantes entre ellos. Fueron laburantes atravesados por una especie de “falsa conciencia” (pensar con los intereses de los empresarios) diría el filósofo Herbert Marcuse, y suponer en consecuencia que este liberalismo propio del darwinismo social los podría beneficiar cuando en verdad son sistemas cuasi esclavistas en donde el ser humano es concebido, según expresaba el Papa Juan Pablo II, como “un animal de producción y de consumo y no como principio y fin de todo sistema económico”.

¿Quién o quiénes llevaron a los trabajadores argentinos a respaldar este tipo de modelos como el que nos gobierna actualmente? ¿Fue el resultado de algunos “excesos” precedentes, -como sostiene el Gobierno- o fue, como dijo Eseverri, que la vieja política “no les dio ninguna solución a sus problemas” y es por ello que las fuerzas políticas “han perdido fuerza y representación social? “¿Es que, -continúa preguntándose el ex Intendente- la gente no quiere ser representada por los sindicatos o los Pérsico o los Grabois de la vida?”.

En esa misma nota, Eseverri le cuestionó al peronismo “no querer modificar nada en las relaciones laborales siendo que el 50% del personal está en negro y sin cobertura social. La gente aguanta el ajuste de Milei porque en el pasado no le dieron ninguna solución”, señalando de algún modo lo que para él serían las causas de esta “Reforma Laboral”.

¿Es que todo lo hicieron ellos, peronistas y otros partidos de masas que terminaron saturando la identidad por mala praxis? Los gobiernos se caen solos”, decía Perón, a lo que seguramente habría que añadir entre las causas de esas caídas auto infligidas la venalidad y la  de sus dirigentes. Parece ser que ellos mismos fueron los organizadores de la fiesta neoliberal y ajustadora que hoy padecen los sectores más vulnerables del país.

La muerte de las horas extras 

La Reforma Laboral aprobada en el Senado también eliminaría las horas extras porque computarizaría la jornada de trabajo por un tiempo mayor al que tiene actualmente, esto es, las que se deben trabajar en un mes, y si el laburante trabaja de más, ese tiempo excedente de trabajo no se computaría como horas extras con las que el empleado se puede defender un poco del impacto de la inflación sino que iría a conformar un banco de horas o se compensarían con francos que el empleador daría cuando se le antoje.

Por lo tanto, las horas que sobren representarían créditos a favor del empleado y si trabajó de menos le estaría debiendo a dicho banco. Peor, imposible. En síntesis, la ley es mala y representa un verdadero retroceso histórico impensado que pudo avanzar por la pasividad de ciertos políticos y de lucha de la dirigencia sindical. Y también es mentira que dicha norma ayudaría a crear empleo porque el trabajo solo lo crea o lo destruye las políticas económicas y no las leyes que eliminan derechos laborales.

Unicameralidad

De pronto, la propuesta de unicameralidad en la Legislatura Provincial vino de la mano de un libertario. Fue Chacho Álvarez quien comenzó a hablar de este tema pero en ese momento nadie le dio bolilla, ni siquiera sus propios aliados del FREPASO que preferían defender la partidocracia antes que los fondos públicos que se gastaban inútilmente  en dos cámaras con legisladores innecesarios y asesores y ñoquis a granel.

El líder del Frente Grande y ex Vicepresidente solo logró que su idea prendiera en algunas provincias y nada más. Pero Buenos Aires es incorregible. Ni siquiera la reelección indefinida se pudo eliminar. Hoy está a punto de volver nuevamente cuando había sido volteada durante el Gobierno de María Eugenia Vidal. Pero los cargos vitalicios están a punto de retornar a la esfera política bonaerense.

La mayoría de los políticos argentinos son capaces de dar la vida por un cargo, pero no para asumir mayores compromisos sino porque son más rentables.  

La eliminación del Senado y la unicameralidad ahorraría gasto político innecesario porque la representación de los senadores es la misma que la de los diputados, esto es, la Sección Electoral.

Tanto España e Italia se animaron a reducir a la mitad sus cámaras de Diputados para ahorrar en gasto político. Entonces, ¿por qué no hacerlo en Argentina en donde la pobreza es infinitamente mayor y no se hacen obras públicas imprescindibles por falta de recursos? Ni hablar de lo que se mezquina en Salud, en Educación y demás servicios esenciales. Por lo tanto, no debería siquiera discutirse la unicameralidad en la Legislatura Bonaerense y, como día Ortega y Gasset, posiblemente éste es un momento de decir:  “bonaerenses, a las cosas”.

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