Pocas veces en la historia de un país hubo tanta reacción como la actual frente al intento de un gobierno de eliminar los derechos laborales contenidos en un modelo que ya tiene casi ochenta años de historia.
Ni las dictaduras militares se animaron a tanto en esta intentona del Gobierno de voltear las conquistas anteriores. Sabían que el movimiento obrero organizado iría a reaccionar, con mayor o menor intensidad, pero con un efecto similar.
El régimen laboral argentino, con derechos, es la esencia misma del sistema y de la democracia de este país. Nacido en la década del cuarenta del siglo anterior revela algo mayor, una sociedad integrada, regulada por derechos.
Precisamente lo opuesto que propone este ultraliberalismo conservador e inhumano de sociedades reguladas en base a Leyes de la Naturaleza como las que describe Charles Darwin en su Teoría de la Evolución de las Especies: “La lucha por la vida, la adaptabilidad, la supervivencia de los más aptos y la extinción de los rezagados que no han podido adaptarse”.
Por ello los sectores populares se han levantado contra esta Reforma Laboral que forma parte de aquel modelo darwinista que proponían y siguen proponiendo los sectores del liberalismo más recalcitrante e inhumano.
Pero hay gobernadores y dirigentes peronistas que se adscriben mucho más a este liberalismo que a la identidad que dicen representar. Se autoperciben peronistas pero en sus ideologías se conjugan otros factores contradictorios con el justicialismo que heredaron, puesto que junto con las banderas de la independencia económica, la soberanía política y la justicia social están los ATN y un clientelismo feroz con el presidente de turno. Estos sujetos con ideología de gobernador por sobre todas las cosas manejan una treintena de votos en Diputados que el jueves decidieron la votación y que suelen estar al servicio del mandamás de turno.
Un gran paso atrás
La gente sabe que junto con los derechos laborales se podrían perder todas las garantías, tanto civiles como políticas y económicas, y la organización de una sociedad de una manera humanizada. La fuerza del modelo creado por el peronismo a mediados de los cuarenta radica fundamentalmente en el régimen laboral. Pero hoy, parte del peronismo federal está siendo conducido por una dirigencia que adscribe mucho más al liberalismo oficialista que al justicialismo. Cuando el Presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, propuso votar “dentro de media hora el proyecto en general”, repitiendo la moción de Silvana Giudice, sobrevoló por el recinto un clima de tragedia, como si se estuviera en las preliminares de un fin de ciclo en la Argentina. Por eso es que esta Reforma Laboral no podía prosperar. Sería como negar a la misma historia nacional y destruir todo lo que hizo que Argentina sea una nación tan diferente al resto de Latinoamérica, alejada del dualismo continental de clases y capaz de mostrar una clase media-baja o media, con perspectiva de ascenso social (graficado en aquella obra teatral “Mi hijo el dotor” de Florencio Sánchez), de que los hijos de los trabajadores podrían ser profesionales universitarios.
La Reforma que anticipó Olmedo
Ese fue el significado del régimen de trabajo argentino y es por ello que el país comenzó a ponerse de pie frente a la amenaza reaccionaria del mileismo.
Podrá tener algunas imperfecciones, pero “la base está”, diría un conocido DT de fútbol. Con la denominada Reforma de Milei se retrocede al siglo XIX.
Sin embargo, con la ayuda de algunos gobernadores y a cambio de algunos ATN que siempre aparecen en estas circunstancias, el proyecto fue aprobado en la Cámara Baja. El texto modificado, sin el artículo que habla de la reducción de las licencias por accidentes y enfermedades, volverá al Senado, donde el oficialismo intentará darle sanción definitiva.
Fue el dirigente de AOMA Olavarría, Bruno D’amico, quien advirtió con absoluta claridad lo que hubiese significado aprobar ese capítulo de la norma que prácticamente sancionaba a los trabajadores enfermos. “El trabajador que faltaba por una licencia por enfermedad no solo perdía entre un 15 y un 20% promedio por presentismo sino que además le era descontado el 50% del valor hora de su salario y sobre sueldos muy bajos”, explicó en el programa “Un Cacho de Mañana” por FM 105.1.
Este capítulo representa como nunca el régimen de explotación que contiene la norma. Es como volver a ver aquel sketch de Alberto Olmedo que encarnaba a un trabajador groseramente explotado, Rogelio Roldán, quien solo por pretender tomarse una licencia por enfermedad o pretender volver a su casa luego de las ocho horas diarias de trabajo debía oír infinitos reproches de su empleador representado magistralmente por el actor Vicente La Russa, quien hoy sería la personificación de la nueva ley.
Un acuerdo impensado
Dentro del mundo político-partidario, se supo que en el pero-kirchnerismo José Stuppia (kicillofismo) y César Valicenti (camporismo) firmaron por el momento una especie de tregua para no chocarse por lo menos hasta que se resuelva la interna del PJ. Al mismo tiempo, Liliana Schwindt no habría recibido el lugar que ella suponía recibir, lo que es un clásico dentro de la interna peronista. Ya le pasó algo similar siendo parte de “La Corriente”, cosa que la habría acostumbrado a sufrir o “saber sufrir”, como dice el tango, o bancarse adversidades.
En realidad es difícil entender la lógica K porque aún hoy, luego de tantos años en los que el kirchnerismo pudo acariciar el poder local, no se le perdona a José Eseverri el haberse pasado al massismo en enero de 2013, el año en el que Sergio Massa le quitó a Cristina Fernández su sueño de reelección indefinida, aunque por poco tiempo puesto que al año o algo más, el líder del Frente Renovador ya estaba preocupado por la caída que registraba en las encuestas.
Sin embargo, Massa acabó siendo la figura central de una alianza que conducía claramente el kirchnerismo como Cristina Kirchner y estuvo a punto de ganarle en segunda vuelta a Javier Milei, pese al contrapeso que representaba Alberto Fernández en ese momento. Pese a todo, el tigrense le dio al kirchnerismo la oportunidad de una derrota decorosa. Pero el massismo, a pesar de la unidad con el mundo K, parece condenado a la exclusión dentro de dicho frente.
De todos modos, ya se sabe que en once distritos de la Provincia no se pudo llegar a la unidad para las elecciones partidarias por lo que kicillofistas y camporistas irán a internas.
Divisibles por dos
Pero, como todos los partidos políticos argentinos son divisibles por dos, La Libertad Avanza también tiene sus riñas tan o más duras que las del pero/kirchnerismo.
Efectivamente, la concejal de Por Más Libertad, un bloque local escindido de LLA, Adela Casamayor, cargó fundamentalmente contra Sebastián Pareja, contra Pablo Disalvo (peronista de Chillar) y contra Celeste Arouxet (ex radical olavarriense), a quienes acusó de “no dar libertad para trabajar”, señaló en el programa “Un Cacho de Mañana” por FM 105.1. “Estamos volviendo a hacer lo mismo que la vieja política, por eso, como Marcelo Pethes y yo no concordamos pasamos a formar un bloque aparte”.
Indicó además que le habían propuesto hacer un interbloque pero como no quisieron, los habrían amenazado con “sacar de LLA”. Antes se habrían sacado una foto todos juntos porque “quisieron mostrar una unidad inexistente. Yo soy libre de pensar lo que quiera”, reafirmó, y sostuvo que no le habrían aún respondido la carta que ella misma les envió. El caso parece irreversible y como en tantos otros lugares del territorio bonaerense, los libertarios se viven peleando porque no parecen ser tan libertarios como se autoperciben.

