La historiadora y docente de la UBA, Julia Rosemberg, presentó este jueves y de manera magistral a una Eva Perón diferente a la del perfil romantizado con el que la había presentado el revisionismo histórico o una de las mujeres más odiadas por los oponentes a esta escuela histórica.
Es verdad que esta Eva de la historiadora ya había sido descubierta por la JP de los años setenta, que la presentaba como una líder “revolucionaria” y clasista y algo distante de la Tercera Posición o Comunidad Organizada esgrimida por su esposo, el General Juan Domingo Perón, quien convivió tranquilamente y aparentemente sin conflictos con ese sesgo “clasista” de su esposa. Aún así, no dudó en mostrarse claramente así en sus libros.
Ella eligió la política y bien se sabe que en este campo no se puede ser amado por todos. Siempre habrá un sector que te va a odiar y serán seguramente aquellos que se sienten atacados en sus intereses. “Si todos te quieren es posible que sea porque te has diluido, salvo que conduzcas”, decía un escritor. La líder peronista llegó a decir que en el próximo siglo serían los trabajadores los privilegiados y no los empresarios, y esto lo decía mientras su esposo hablaba de un régimen de cooperación entre el capital y el trabajo. Ella no dudó. Eligió favorecer claramente a los que suponía como las víctimas del sistema y cargó sistemáticamente contra quienes estimaba como sus victimarios. En síntesis, un claro esquema de lucha de clases pese a que su esposo pretendía sentarlos a cooperar o negociar.
Tampoco aquí habría una contradicción entre ambas posiciones. Simplemente es posible que, Perón, como todo conductor, buscaba maniobrar tanto con ambas posiciones como también con el trabajo que hacía su esposa Eva presionando a los empresarios para acercarlos al valor de la solidaridad social y alejarlos del egoísmo capitalista liberal, y a la vez en favor de la clase trabajadora.
Probablemente, Eva Perón haya aceptado la Tercera Posición aunque también haya comprendido que Perón debía conducir tanto a su fuerza como también a su gobierno, y eso se hace con mucha racionalidad (también corazón, como lo aclaró la historiadora), contemplando las dos éticas políticas que plantea Weber, la de la convicción y la de la responsabilidad y maniobrando con los medios y los fines.
Perón, desde la política y el arduo trabajo de conducir un Estado, habría pensado que la postura de Eva era atractiva pero difícil de convertirla íntegramente en una superestructura política para gobernar.
La JP de los 70 hizo de Eva su bandera total, su emblema, su “dirigente”, -así, sin feminizar la palabra- y tomó todo su mensaje como el dogma a seguir para cambiar “realmente” (así se decía) la sociedad.
Emociones y razones y las cosas del querer
Lo llamativo fue que mientras la historiadora pretendía separar a la Eva esposa de la Eva militante y/o dirigente, una asistente a la charla quería también la otra versión, la del amor, de los afectos, la su relación afectiva con su esposo. Pretendía que ella, la disertante, también enfatizara ese factor afectivo que para ella Eva sentía por su marido. “Todo el amor que sentía por él, su deseo de protegerlo”, dijo más o menos así, anteponiendo el corazón al mundo de la razón. Quizás en esta controversia radique una parte del enigma que representa la figura de Eva Perón.
Ella, la asistente, quería desentrañar tal vez y de esa manera el misterio de esta maravillosa mujer de la historia argentina. En una palabra, privilegiaba el corazón de Evita por encima de su capacidad, su racionalidad y su fuerza política.
Fueron dos abordajes de un pedazo (quizás el más importante) de nuestra historia, dos caminos tal vez combinables, tal vez no tanto, pero ambos concurrentes. Me recordó el remate de mi tesis de licenciatura, en el que luego de intentar analizarlo a Perón desde varias categorías pretendidamente científicas, me choqué con las palabras del líder del Movimiento Villero Peronista (MVP) de entonces el día de la muerte de Perón y cuando él dirigía una parte de aquella juventud que ya estaba pensando en un peronismo post Perón: “Murió el Viejo. ¿Qué va a ser de nosotros ahora?”, se lamentaba “sin calor de nadie y consuelo” y “yendo del corazón a los asuntos”, como dicen algunos de los versos del poema “Elegía”, de Miguel Hernández.
Esta diferencia epistemológica (modos de conocer, tal vez) se repitió en la juventud de los 70, espacio del que un dirigente del MVP formaba parte, quien, como vimos, plasma palmariamente esta dualidad cognitiva: si bien le observaban al General que “estaba lleno de ‘gorilas’ el gobierno popular (antiperonistas)”, a la vez se lamenta profundamente por su ausencia. Alguna vez, esta dicotomía epistemológica estuvo presente en aquella militancia porque, opinaban algunos, para Eva, criticar a Perón era correrse del campo popular, sencillamente porque para ella “Perón” era sinónimo de “pueblo”. Posible y lamentablemente nunca se habría podido resolver ese dilema, quedando, entonces, una Evita romantizada como “revolucionaria” mientras se lo confinaba a Perón al rincón menoscabado de un mero “reformista” del sistema, siendo que él había sido el promotor principal de construir un régimen “justo, libre y soberano”. Es posible que esa grieta interna aún siga vigente.
La interna en los municipales
La queja de los municipales contra la conducción sindical amenazando con desafiliarse, puede ser interpretada como una intención de correrse del sindicato, lo que sería peligroso por la importancia de la institución. Así se lo planteó en la columna anterior, pero al parecer, la “amenaza” parece responder al deseo de ir contra las autoridades y no contra el gremio. Por lo tanto, la decisión de una porción de municipales “autoconvocados” se encaminaría a una pulseada electoral interna futura, para sustituir a la actual conducción.
Ellos aclaran que “en torno a la cuestión de la desafiliación, que están promoviendo desde que se conoció el último acuerdo paritario que no los conformó, no implica la pérdida del derecho a la representación, sino que se resignan los beneficios que se obtienen siendo afiliado”. El párrafo sigue siendo algo confuso pero se lo podría interpretar como el deseo de ir a una interna en las próximas elecciones y competir contra la lista de José Stuppia. Tristemente, el ajuste de Milei estaría explotando en el seno del sindicato, es decir, el lugar en donde se agrupan las víctimas.
Lo primero es la familia
Como haciéndole honor a su categoría de “anarco-capitalismo”, la Senadora Patricia Bullrich aceleró la interna dentro de LLA, de tal modo que hoy las relaciones entre la “Pato” y Karina Milei están al borde de la explosión. Bullrich le reclamó al inefable Manuel Adorni la declaración jurada y puso en marcha la pelea que llega hasta la misma Presidencia. Es que en la puja entre el vínculo familiar y el del poder, suele ganar el primero, porque además de ser la hermana, Karina parece ser la jefa política o el centro neurálgico del poder actual. Aquí también existe un dilema para Milei, puesto que para el Presidente entregar a su hermana podría ser un tema vinculado a lo afectivo pero también a lo político ya que es además un sostén importante en la estructura de poder. Son encrucijadas muy complejas y difíciles de resolver puesto que hay que decidir por una u otra cosa, y como decía Shopenhauer, “optar es excluir”. Entonces, para Milei defender a Adorni es proteger a su hermana y recíprocamente. Y la Bullrich no lo iba a permitir. Quizás tuvo miedo de que el tema Adorni se alargue más de lo debido y termine fortaleciendo a quien puede ser su competidor por la jefatura de CABA para 2027, y mucho más porque el Presidente no solo respaldó extraña y excesivamente al Jefe de Gabinete sino que encolumnó a todo sus ministros detrás de su ex vocero. De pronto y llamativamente, la figura creada por la Constitución de 1994 cobraba realidad por el poder que iba acumulando dejando de ser esa figura banal y decorativa que venía siendo hasta ahora.
Exceso de jefes y escasez de líderes
Uno de los grandes dilemas en el radicalismo es qué debe hacer cuando no gobierna el peronismo y el Estado y el poder político está en manos de sectores no solo antiperonistas sino también profundamente antipopulares.
Ese problema no lo tuvo durante la gestión de Raúl Alfonsín puesto que él representaba una identidad por sí mismo. Pero, sin el dirigente de Chascomús, no tienen liderazgo posible y menos aún un modelo económico-político propio. La orfandad que dejó Alfonsín con su muerte dentro del espacio no ha podido ser cubierta aún y el radicalismo hoy se desenvuelve con demasiados referentes que es una manera de no tener ninguno. Lo mismo le ocurre al peronismo-kirchnerismo: la profusión de jefaturas no ha alcanzado para crear tan solo un liderazgo.
Ambos se han fragmentado y algunas veces con posiciones antagónicas. En la UCR están los radicales “con peluca” y los “sin peluca”, y ambos espacios a su vez divididos en varias posiciones. Pero esta vez, tal vez porque Milei practica un liberalismo extremo, una especie de darwinismo social y un ajuste feroz a las clases más vulnerables. No hay que pensar mucho. El radicalismo bonaerense logró unificarse en una sola posición bajo la conducción de Emiliano Balbin, oriundo de Bahía Blanca.
Este viernes 8 de mayo venció el plazo para la presentación de listas para la renovación de cargos partidarios (teóricamente para el 7 de junio), y nuevamente la UCR de Olavarría presentó una lista de unidad conformada por todas las líneas internas que integran el espacio. La idea es construir una alternativa moderada, diferenciándose claramente de las dos orillas de la grieta: la pero/kirchnerista y la mileista.
“De esta manera, se pone como prioridad, una vez más, el trabajo conjunto para construir una alternativa para la comunidad. Tras los dos periodos de Belén Vergel al frente del comité local de la UCR, Germán Salomón presidirá el plenario que estará compuesto por Antonela Díaz, como vicepresidente, Simón Schwab, como Secretario General, y Lucrecia Manso, como Tesorera”, dice un comunicado del partido. Sería la línea que conduce –o impulsa- el gobernador santafesino, Maxi Pullaro.

